Pedanía de la cercana población de Cabeza del Buey, fue en los años veintes, cuando se construyó este poblado y estación ferroviaria, acondicionada con todo tipo de servicios necesarios para sus trabajadores y familias, tenían escuelas, iglesia, medico, economato, incluso estafeta de correos, siendo algunos de ellos innovadores para la época, todavía, en poblaciones de la comarca, próximas al nudo ferroviario, carecían de ellos. Sus orígenes datan del año 1865, cuando para dar salida al carbón extraído en la cuenca minera cordobesa de Belmez, hubo necesidad de la construcción de la linea férrea, Belmez Almorchón. A lo largo de los años, su auge e importaría fue aumentando, hasta el comienzo de la Guerra Civil, que pasó a ser un punto militar estratégico, la población se ve obligada abandonar las instalaciones por la proximidad del frente bélico, con las terribles batallas que por allí acontecían. Acabada la guerra, buena parte de las instalaciones se encuentra devastada, reducida a escombros, iniciándose entonces, un proceso de reconstrucción tanto en la actividad ferroviaria, como en la rehabilitación de los edificios administrativos y viviendas de los trabajadores ferroviarios, llegando a los años setentas, como un importante nudo de comunicaciones, paulatinamente fue aumentando considerablemente en el censo de habitantes y edificios construidos. A partir de esa década se inicia un proceso de declive, motivado por el desuso del las maquinas de vapor, dando paso a la modernidad, con otros tipos de trenes, añadida la escasead de viajeros, provocan su abandono, que ira acompañado de un desmantelamiento progresivo, llegando a nuestros días, buena parte, en estado de ruinas, quedando, cuando se visita, un regusto agridulce de la importancia fundamental que debió tener en las comunicaciones ferroviarias del sur de España. Destaca en sus alrededores, su castillo medieval, enclavado sobre un pronunciado cerro, es un lugar idóneo para la observación de los paisajes y paso de aves en la comarca, de origen almohade, siglo XII y XIII , reconstruido varias veces en épocas cristianas, perteneció a la orden del Temple, posteriormente cedido a la Orden de Alcántara, que hasta el siglo XVI se tiene constancia, realizarían labores de mantenimiento, sería posteriormente, en el siglo XVII, al igual que otros castillos de la comarca, ejemplo en de Benquerencia, caen en estado de desprotección y abandono, estando actualmente en ruinas. En su fisonomía constructiva destaca su torre del homenaje en forma pentagonal y una torre de defensa redondeada, recinto amurallado, dan cobijo y protección, se conservan restos de la aljibe, capilla y aposentos para sus moradores, toda obra fabricada en mampostería. Merece la pena, parar y rememorar tanto la historia de siglos pasados, en su castillo, como la mas reciente, en los inicios de la llamada revolución industrial, tardía y escasa en nuestra tierra, reflejada en sus instalaciones ferroviarias.
En el flanco noroeste de la comarca, en
las estribaciones de la sierra de mismo nombre, emerge Magacela, declarada
localidad Bien de Interés Cultural en el año 1994 por Junta De Extremadura,
demuestra que posee el conjunto histórico- artístico más importante de La
Serena, ya que es un pueblo de trazado urbano peculiar e impregnado de méritos
arqueológicos suficientes, dejados por civilizaciones que en ella dejaron sus
huellas a lo largo de su historia. Su patrimonio es digno de enumerar, desde
épocas prehistóricas, las pinturas rupestres, el Dolmen o la estela del
Guerrero, hoy expuesta en el Museo Arqueológico Nacional, en el medievo, su
Castillo, así como sus iglesias, sus casas palacios y ermitas, hasta la
construcciones más reciente, una valiosa colección de hornos tradicionales
repartidos por el término municipal, destinados a la cocción de tejas y otros,
los llamados, "caleros" para la obtención de la cal, material muy
usado de material en la construcción hasta hace unos años.
No podemos dejar de mirar, su morfología
constructiva de sus calles y casas, construidas en pequeñas dimensiones muchas
en dos plantas, el llamado doblado, a base de piedras y cal, y encaladas sin
ningún tipo de en lucido en sus paredes y muros. Con su patrimonio natural, refleja
la biodiversidad característica de nuestra comarca. Es Magacela pueblo de
leyendas, ya que su historia lo requiere, la leyenda de Egilona, La Bella Leila
aquella mujer de belleza singular envuelta en heroísmo, la Reina Mora, historias
de moros y cristianos, entorno a su fortaleza- castillo que la preside, los
santos Aquila y Priscila, convertidos en mártires por el Prior Diego de Becerra
y Valcárcel, todas leyendas de tiempos inmemoriales, llegadas hasta nuestros
días, envueltas en misterios e interpretadas de todas las maneras, resultando
ellas, como un más allá en el pasado, algunas veces difícil de entenderlas. Magacela como cualquier lugar de La
Serena sorprende gratamente, pero además al visitarla se convertirá en un viaje
hacia el pasado, colmado de enigmas, que siempre traerían consigo historias que
jamás dejaran indiferentes a viajero.
Escudo del municipio de Magacela; en Badajoz, España. «Escudo partido y entado en punta. Primero, de sinople, haz de tres espigas, de plata. Segundo, de sable, castillo, de plata, mazonado y aclarado de sable. En punta, de plata, cruz de la Orden de Alcántara, de sinople. Al timbre, corona real cerrada».D.O.E./12 de noviembre de 1992/Número 89
BENQUERENCIA DE LA SERENA. Con su castillo medieval, se sitúa
en el desfiladero de formaciones rocosas que forman las sierras de Castuera,
Tiros y Almonchón, que, con su colocación de las mismas, parte a la comarca en
dos. Apoyada sobre ella, la sierra de Castuera o también llamada de
Benquerencia, con una marcada orientación de este a oeste en su formación, está
situado el núcleo urbano, con orientación sur, en su mirada, al fondo, se
encuentra el Valle del Emboque, donde se sitúa la Dehesa Boyal, de tierras
fértiles de marcada producción cerealista, con extensos olivares. En su mirada
hacia el norte, lo que llamamos la umbría de la sierra, sus paisajes se tornan
exclusivos de la comarca, extensos terrenos de penillanura, donde sus pastos únicos
en sus características, hace única su producción quesera, los paisajes, desde
aquí se tornan infinitos, solo los olivares que visten la falda de la sierra,
los retienen. Todo, contemplado desde la privilegiada situación de su castillo. A primera vista, las miradas se ponen en el formidable
castillo, en su origen fortaleza militar, de defensa, no fue este la causa de
su fundación como núcleo poblado, el lugar esta lleno de restos arqueológicos
de distintas civilizaciones y prehistóricos que hacen ver que anteriormente
hubo presencia humana en el lugar. A su amparo, sobre un terreno escabroso,
escarpado, no exento de dificultades para la edificación, se fue formado el
poblado, llama la atención su laboriosidad y la sorprendente adaptación de sus
calles. Su construcción esta datada en época de dominación árabe, allá por los
siglos XII y XIII, como fortaleza militar, con el paso de los siglos fue
adaptándose a otros usos, como ejemplo residencia. Reconquistado por el Rey
Fernando III y ayudado por la Orden Militar de Alcántara. Su decadencia, se
tiene constancia, comenzó a mediados del siglo XVII, donde cae en el abandono,
llegando hasta nosotros, ruinoso, su estado actual. Durante la Guerra Civil, se
utilizó por su emplazamiento estratégico, prueba de ello es la construcción de
un bunker que actualmente se puede visitar.